lunes, 4 de julio de 2011

Hola me llamo Yolanda

Se abren las puertas del vagón y se percibe un aire más denso. "Hola me llamo Yolanda..." se puede leer en un pedazo de cartón que llevas pendiendo del cuello. Salta a mi mente la Yolanda de Pablo, esa mujer ficticia que todos amamos, parecería un buen comienzo, pero pronto se acaba cualquier evocación romántica cuando tus días de desconsuelo nos llegan de golpe en tu aroma, aroma de calle y de olvido, los pasajeros dormidos despiertan y todos fruncen el entrecejo, una oficinista se atreve a decir: -Huele a mierda! "Me llamo Yolanda  tengo parálisis cerebral, no me puedo valer por mi misma por eso les pido una ayuda para comprar un taco. Dios se los pague gracias." termina diciendo tu letrero justo antes de tu babero del que no puede distinguirse color, se oye la respuesta desde un lugar próximo donde un adolescente secunda la primera expresión -¡Si huele a mierda!- seguida de una risa burlona.Muevo la cabeza en señal de desaprobación, pero después de me doy cuenta de que tienen razón ¡huele a mierda! a la mierda en que nos hemos convertido al permitir que Yolanda se vea obligada a pedir, por necesidad o por abuso de alguien más , ese alguien a quien otro alguien conoce y no denuncia, la mierda de persona que te explota, que explota tu discapacidad refugiándose en la caridad, la mierda del otro alguien que protege al primer alguien para que te dejen pasar al metro sin llamar a alguna institución, pero que demonios digo las instituciones psiquiátricas también son una mierda por omisión, por justificarse en que no hay presupuesto. Efectivamente huele a mierda, a la mierda en que nos hemos convertido, perdón Yolanda, te extiendo los pocos pesos que aún traigo, tu los recibes con tu mano semiparalizada, si tu mano, eternamente tu mano.

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