martes, 20 de septiembre de 2011

Para recordar

Hoy se me olvido que se cumplían 26 años del evento sísmico más devastador de la historia de México, me lo recordó mi papá con una historia que relato más adelante,  pero hay historias personales, aquí el link de una interesante http://mx.noticias.yahoo.com/andar-muertos-164400900.html
En lo personal, y para ser franco no recuerdo más que ese día no fui al kinder, tenía 4 años y yo feliz porque recién habíamos entrado y no estaba adaptado. Pero me sorprendió la historia de mi papá, en esa época lo habían despedido del trabajo, comenzaban las recesiones y crisis económicas, en particular tratábamos de recuperarnos de la crisis de la deuda de 1980, bueno el se dirigía a cobrar su indemnización a un Banco del Atlántico que se encontraba en Eje 5 Nte Montevideo pero al llegar a la Unidad Profesional Adolfo Lopez Mateos del IPN ya no pudo pasar porque el SEARS de Lindavista se había derrumbado, era un centro comercial al que no recuerdo haber ido nunca, pero me daba miedo porque mis primos me contaban historias de aparecidos en los alrededores, almas en pena de las personas que habían perecido en el terremoto, recuerdo que permaneció muchos años en ruinas solo protegido por una valla, extrañamente el querido cine Futurama se encontraba a un lado y sobrevivió, de hecho duró muchos años en funcionamiento, bueno al menos estoy seguro de haber visto JFK que se presentó en 1991, para esos tiempos ya estaba en construcción un nuevo centro comercial, pero se escuchaban rumores de que a menudo se encontraban restos humanos durante la construcción; le pusieron el nombre de Plaza Lindavista y un renovado SEARS donde jugué por primera vez con el Super Nintendo, pero lo que me siguió impresionando desde esos años es el campamento de damnificados del terremoto del 85 establecido en las afueras del metro Lindavista, el cual sigue en pie hasta ahora. Hay muchas historias, pero la existencia del campamento es una prueba de lo fácil que es para los mexicanos olvidarnos de algo, en este caso recordamos el horror, la solidaridad, pero se nos olvidan esas historias que aún no tienen un final y que imposibilita a sus protagonistas tener un buen principio. Abajo link de un pequeño reportaje del 2005 es la reseña más reciente (a parte de una noticia sobre un incendio en 2008) pero los invito a dar una vuelta por metro Lindavista y comprobar que esté. 26 años después.
http://www.esmas.com/noticierostelevisa/terremoto/475974.html

lunes, 4 de julio de 2011

Hola me llamo Yolanda

Se abren las puertas del vagón y se percibe un aire más denso. "Hola me llamo Yolanda..." se puede leer en un pedazo de cartón que llevas pendiendo del cuello. Salta a mi mente la Yolanda de Pablo, esa mujer ficticia que todos amamos, parecería un buen comienzo, pero pronto se acaba cualquier evocación romántica cuando tus días de desconsuelo nos llegan de golpe en tu aroma, aroma de calle y de olvido, los pasajeros dormidos despiertan y todos fruncen el entrecejo, una oficinista se atreve a decir: -Huele a mierda! "Me llamo Yolanda  tengo parálisis cerebral, no me puedo valer por mi misma por eso les pido una ayuda para comprar un taco. Dios se los pague gracias." termina diciendo tu letrero justo antes de tu babero del que no puede distinguirse color, se oye la respuesta desde un lugar próximo donde un adolescente secunda la primera expresión -¡Si huele a mierda!- seguida de una risa burlona.Muevo la cabeza en señal de desaprobación, pero después de me doy cuenta de que tienen razón ¡huele a mierda! a la mierda en que nos hemos convertido al permitir que Yolanda se vea obligada a pedir, por necesidad o por abuso de alguien más , ese alguien a quien otro alguien conoce y no denuncia, la mierda de persona que te explota, que explota tu discapacidad refugiándose en la caridad, la mierda del otro alguien que protege al primer alguien para que te dejen pasar al metro sin llamar a alguna institución, pero que demonios digo las instituciones psiquiátricas también son una mierda por omisión, por justificarse en que no hay presupuesto. Efectivamente huele a mierda, a la mierda en que nos hemos convertido, perdón Yolanda, te extiendo los pocos pesos que aún traigo, tu los recibes con tu mano semiparalizada, si tu mano, eternamente tu mano.

Sísifo el héroe absurdo

Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.
Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la Muerte de manos de su vencedor. Se dice también que Sísifo, cuando estaba a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor de su esposa. le ordenó que arrojara su cuerpo sin sepultura en medio de la plaza pública. Sísifo se encontró en los infiernos y allí irritado por una obediencia tan contraria al amor humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra
con objeto de castigar a su esposa. Pero cuando volvió a ver este mundo, a gustar del agua y el sol, de las piedras cálidas y el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal. Los llamamientos, las iras y las advertencias no sirvieron para nada. Vivió muchos años más ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. Fue necesario un decreto de los dioses. Mercurio bajó a la tierra a coger al audaz por la fuerza, le apartó de sus goces y le llevó por la fuerza a los infiernos, donde estaba ya preparada su roca. Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es en tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra.